Avy estaba recostada en el sillón reclinable que Marcus había comprado especialmente para ella. Sus piernas descansaban sobre el suave reposapiés mientras acariciaba su vientre redondeado. El embarazo había sido un viaje emocionante, lleno de altibajos, pero Marcus había estado allí en cada paso, cuidando de ella con una ternura que la hacía enamorarse aún más cada día.
-No puedo creer lo que hicieron mi hermano y mi amiga -dijo Avy con una sonrisa incrédula, mientras sus dedos jugaban con el b