Guille
Amanecí con el cuerpo todavía envuelto en la dulzura y frescura de la noche ardiente con mi esposa y la cabeza llena de planes.
Gala quedó en casa, insistió en llevar a Juana a la escuela y después ir a la universidad.
Me despedí con un beso rápido en la frente, que luego se volvió un manoseo detrás de la puerta. Era imposible dejar de saborear sus labios, sentir su cuerpo temblar por unas caricias sobre su piel.
Pero debía salir de casa o no llegaría más al gimnasio. Así que la besé