Gala
Volver a casa no se sintió como recuperar nada; se sintió como tomar lo que había quedado y decidir que alcanzara.
Nos mudamos a una casa nueva en mi ciudad natal y, desde el primer día, quedó claro que no iba a haber tiempo para acomodar emociones: había cajas, papeles, horarios, médicos, colegios, y dos chicos que necesitaban estabilidad aunque yo todavía no supiera cómo dársela.
Juana abrió la puerta y se asomó primero, como si todavía esperara que alguien le dijera que no.
—¿Puedo? —pr