Gala
La mañana había empezado como cualquier otra desde que me había casado con Guille.
Levanté a Juana, le trencé el cabello como ella me pidió y juntas salimos hacia la escuela. Ella hablaba sin parar sobre un trabajo de ciencias, con esa alegría que iluminaba hasta los días más grises.
En la puerta del colegio se giró para abrazarme con fuerza.
—Nos vemos después, Gala.
Le devolví el abrazo, besándole la frente. Ese gesto me daba un motivo más para sonreír cada día.
—Te quiero, chiquita.
—Y