Juana
—¿Cómo te encuentras hoy?
La pregunta no me sorprendió, ya no lo hacía. La doctora Carmen siempre empezaba igual, con la misma voz serena y el mismo cuaderno apoyado sobre las piernas, aunque ya no necesitara anotar nada para saber quién era yo. Habíamos recorrido demasiado juntas como para fingir formalidades.
Me acomodé en el sillón, apoyando la espalda con confianza. Cuatro años atrás me habría sentado en la punta, lista para salir corriendo.
—Tranquila —respondí—. De verdad.
Y no lo d