Guille
La campana sonó y el rugido del público llegó a mis oidos, aún más profundo. El ring se encogió hasta volverse el único lugar que existía... Mi lugar.
El rival dio el primer paso. Era alto, fornido, con la mandíbula dura y una mirada que prometía guerra.
Me moví al centro, con la guardia alta, tanteando con un par de directos rápidos la distancia. El primero no entró, el segundo apenas le rozó la barbilla.
Respondió con un gancho lateral que me golpeó la sien. El impacto me hizo ver un