Gala
El murmullo del público se escuchaba desde afuera. El Galpón estaba más concurrido que nunca. Bastaba acercarse al local para sentir la vibración de la música y el bullicio de las apuestas.
Julieta me apretó la mano con entusiasmo.
—¿Lista para ver a tu Romeo en el cuadrilátero? —susurró, con una sonrisa traviesa.
Rodé los ojos, aunque no pude evitar sonreír.
—No digas tonterías.
—¿Tonterías? —intervino Pedro, acomodándose la chaqueta con exageración—. Si el grandulón pelea la mitad de lo