Guille
El sonido del celular me sacó de golpe del entrenamiento matutino.
Estaba en la azotea, con los guantes aún puestos y el sudor pegándome la camiseta al pecho. Miré la pantalla: el número del entrenador. Me saqué un guante para responder.
—¿Sí? —respondí, aún sin aliento.
—Cruz, buenas noticias —su voz sonaba seria, pero yo conocía ese tono; siempre lo usaba cuando traía algo grande—. Esta noche tienes pelea.
Me quedé en silencio unos segundos, como si mi cerebro necesitara procesar cada