El eco metálico de una puerta abriéndose me despertó de la pesadilla en la que había pasado toda la noche. El sucio depósito en la mañana estaba húmedo, oscuro, con las paredes oxidadas y el aire cargado de polvo. Todo eso me causaba una repulsión insoportable. No sabía cuánto tiempo había pasado, pero mis muñecas estaban en carne viva de tanto luchar contra las ataduras. Aun así, seguí tirando de la cuerda, una y otra vez, hasta que la piel ardía y los dedos se entumecían. El miedo era un vene