La mañana amaneció extrañamente tranquila. El aire golpeaba suave contra la ventana, y por un momento, me permití pensar que quizá, solo quizá, todo podía ser normal. Luca había insistido en llevarme al hospital él mismo, y aunque al principio protesté porque estaba ocupado, no hubo forma de convencerlo. Cuando decía que iba a protegerme, lo decía en serio, incluso si eso significaba no despegarse de mí ni un instante.
El hospital era tal y como lo recordaba, aún guardaba mis malos recuerdos e