Después de pasar toda la noche en observación me dieron de alta. El médico confirmó que todos mis parámetros estaban bien y que el bebé no corría ningún peligro.
El regreso a la mansión después del hospital fue un silencio denso, tan pesado que cada segundo me hacía sentir el pulso en las sienes. Luca conducía sin apartar la vista del camino, aunque se veía más sereno después de nuestras confesiones, sus manos firmes en el volante demostraban que se aferraba a lo mínimo para no sucumbir a la d