No pude reaccionar. El aire se me cortó en el pecho cuando lo vi aparecer, esa figura oscura recortada por la luz que venía de la fiesta. Luca estaba allí, los ojos fríos, la mandíbula apretada, el puño cerrado como si la simple visión de Adriano y yo tan cerca lo hubiera atravesado con un hierro candente. Y a pesar de todo no se veía ni la mitad de enojado de lo que imaginé. Y eso es peor, es la paz antes de la tormenta, el silencio antes de trueno.
—No es lo que parece —atiné a decir, adelan