Regresé a mi habitación con el corazón latiendo tan fuerte que sentía que iba a romperme las costillas. Había pasado frente al despacho de Luca, y detrás de esa puerta cerrada él seguía con Bianca. No necesitaba ser adivina para imaginar la escena: ella inclinándose hacia él, susurrándole algo venenoso al oído, quizás sus labios rozando los suyos. O peor, algo más íntimo. La sola idea me contrajo el estómago como si alguien lo estuviera apretando con un puño.
Me odié por pensar en eso, por sent