El eco de mis pasos resonaba en la escalera principal de la mansión, ese monstruo de mármol que parecía diseñado para intimidar. Las lámparas colgaban sobre mí como coronas pesadas, y cada peldaño parecía extenderse más de lo necesario. Tal vez era el cansancio acumulado, o las pocas horas de sueño debido a mis noches en vela pensando en Luca, y en mis fallidas inseminaciones; pero el mareo me golpeó de repente, como una ola oscura que me cubrió de pies a cabeza.
El mundo giró, los bordes de m