El tiempo perdió todo significado dentro de las cuatro paredes de su habitación. La luz del amanecer se había transformado en la claridad plena del día, filtrándose a través de las ventanas e iluminando el desorden de sábanas que envolvían nuestros cuerpos entrelazados. Ya no ardía la urgencia del deseo recién descubierto, sino que una calma pesada y satisfecha se había instalado entre nosotros. Su brazo era un peso familiar y protector bajo mi cabeza, mi mano dibujaba círculos ociosos en el du