Amaneció gris otra vez. La lluvia había cedido, pero el cielo seguía denso, casi metálico, como si las nubes retuvieran todo lo que no se atrevía a caer. Desde la ventana del dormitorio, podía ver el jardín empapado, las ramas pesadas y los charcos que reflejaban el gris del amanecer.
Había algo en el aire… algo que no pertenecía a la calma.
Luca no había dormido. Sus pasos habían resonado en el pasillo durante toda la noche, y a ratos se escuchaba su voz baja dando órdenes por teléfono. Cuando