La lluvia que había estado cayendo sin descanso, se detuvo a medias. Aún estaba nublado y relámpagos rompían la serenidad. Como si el cielo se resistiera a olvidar tan fácilmente lo que sucedía.
Cuando me asomé fuera del despacho, el reloj del pasillo marcaba las seis de la mañana, y el sonido del péndulo era el único que acompañaba mis pasos en el corredor. No había dormido. Ni Luca tampoco.
El ambiente estaba cargado, espeso, como si cada rincón de la casa respirara un aire nuevo, más pesa