La mañana amaneció gris, como si el cielo compartiera la resaca emocional que dejó el día anterior. La tensión se sentía aún suspendida en los pasillos de la mansión, invisible pero pesada. Había dormido poco; cada ruido, cada sombra, me recordaba que Ruggero seguía ahí afuera, acechando, esperando el momento justo para volver a golpear.
Bajé al despacho con una taza de café que apenas probé. Luca estaba revisando informes junto a Luciano, su expresión era tan fría y concentrada que, por un ins