El silencio se espesó mientras todas las cámaras se giraban hacia las altas puertas de cristal. Vincent Moretti entró en el salón, esmoquin perfectamente ajustado a su figura, pajarita de seda anudada con precisión, el brillo de sus zapatos de charol reflejando la luz. La autoridad se le adhería como una segunda piel: pulida, deliberada, cada centímetro el hombre que nunca pidió permiso para existir.
A su lado, Jennifer parecía casi irreal. El vestido de satén azul medianoche se ceñía a sus cur