La sala del hospital se encontraba en penumbras, iluminada tan solo por el tenue resplandor del monitor cardíaco que emitía un constante pitido. Sofie yacía en la cama, inmóvil, su piel tan pálida como las sábanas que la cubrían. A pesar de los sedantes que le habían administrado, su rostro no mostraba paz, sino una fatiga que parecía provenir de algo más profundo que el cansancio físico.
Mathias se hallaba de pie junto a la ventana, con las manos en los bolsillos y la mirada perdida en el hori