Ingrid se encontraba en la fila del check-in cuando los vio. Katrine y Lukas irrumpieron en el aeropuerto como un vendaval, con el rostro desencajado y la mirada clavada en ella con una intensidad que la hizo estremecer. Por un instante, el tiempo pareció congelarse. Su corazón golpeaba con violencia contra su pecho, pero no podía permitirse mostrar miedo.
—¡Ingrid! —rugió Katrine, avanzando como una tempestad desatada, su voz cortando el aire como un trueno.
Ingrid apretó los dientes con tanta