Quince días después, la mansión parecía sumida en una calma engañosa, una paz frágil que ocultaba la tormenta latente. Ingrid había permanecido en las sombras, acechando como un depredador paciente. No tenía más opciones, no tenía más tiempo. Este era su último recurso. Si no iba a tener a Lukas, al menos tendría al niño.
La mansión Lund estaba al borde del colapso. La verdad sobre Tobias había caído como un golpe devastador. Lukas y Mathias se mantenían en guardia, protegiendo a madre e hijo,