Tres días más tarde, la habitación de Lars se encontraba en silencio, mientras él se hallaba recostado, con la pierna en alto y los ojos clavados en los dibujos animados en la televisión que se encontraba frente a él. Las sombras de las persianas trazaban líneas irregulares en las paredes, y el sonido de las caricaturas llenaba el ambiente.
Sofie se encontraba sentada junto a su hijo, distraída, mientras le acariciaba el cabello con movimientos lentos y ausentes, intentando ignorar la tormenta