Al ver que Sofie no podía articular ni una sola palabra coherente, Katrine dio un paso al frente con decisión.
—Yo le dije —dijo con voz firme, aunque su nerviosismo se evidenciaba en el movimiento de sus manos.
Mathias entrecerró los ojos y frunció el ceño, volviendo su atención hacia Katrine.
—¿Tú? —preguntó, sin molestarse en ocultar su incredulidad—. ¿Cómo lo supiste?
—Lukas me lo dijo —confesó Katrine, ignorando la mirada de sorpresa y reproche de Sofie. Sabía que su amiga probablemente se