Cuando Sofie por fin reaccionó, sus pensamientos eran un torbellino. Sintiendo que no tenía tiempo que perder, corrió hacia al armario, abrió la puerta de un tirón y sacó lo primero que encontró. El golpe seco al cerrarla resonó por todo el departamento. Se movía con urgencia, casi frenética, y sus dedos temblaban mientras intentaba abotonarse la chaqueta con torpeza.
Katrine parpadeó, intentando procesarlo todo, mientras dejaba el móvil sobre la mesa.
—Sofie, ¿qué piensas hacer?
Sin embargo, S