—¡No puedes hablar así, madre! —le grité, con la voz temblando de ira contenida.
—¡Claro que puedo! —replicó con frialdad—. Ahora más que nunca estoy segura de que fue un completo error apoyar ese matrimonio. Esa mujer solo busca adueñarse de tu fortuna.
Me costaba reconocer a la mujer frente a mí. No era solo dureza, era desprecio. Un juicio cruel e injusto.
—¿Has perdido la cabeza? ¡Ni siquiera conoces a Kate para hablar así de ella!
—Si ya tienes la custodia de Azad, ¿qué esperas para divorc