Capítulo 32

Todo era un murmullo. Un zumbido lejano, como si el mundo se filtrara a través de una pared de agua. No sabía si estaba soñando o si había despertado en un sueño, uno donde todo dolía sin doler, donde respirar era un esfuerzo y abrir los ojos, una batalla.

Lo primero que sentí fue la presión en mi mano. Alguien me sostenía. Una calidez familiar, un ancla en medio de la nada. Abrí los ojos con lentitud y el rostro de Aurora se fue dibujando como si emergiera de una neblina espesa.

Su voz. Su mano.

“Estás a salvo”, dijo. ¿Estaba?

Intenté hablar, pero mi voz era un susurro quebrado. “¿Fue un accidente?”

Aunque no supe cuánto tiempo había pasado desde la última vez. La luz era distinta, más clara, más cálida, como si el sol se hubiera colado por alguna ventana invisible. Todo seguía igual y todo era distinto. Mi cuerpo dolía menos, o tal vez me había acostumbrado al dolor. Me sentía pesada, pero no rota.

Y por un momento, pensé que lo del bebé había sido solo un sueño.

Una pesadilla sembr
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