Desde que Kate me convenció de volver a la oficina, no he dejado de pensar si fue una buena idea.
Su salud es lo primero, pero ella también necesita su espacio, lo sé. Esa mujer es fuego y ternura a la vez, y no puedo dejar que ese brillo se apague por mantenerla demasiado protegida. Aun así, mi instinto de protegerla no desaparece. No desde que supe que dentro de ella crece nuestro hijo.
La semana había transcurrido con el peso del trabajo acumulado y el miedo de perderlos.
Aún me despierto