Capítulo Ciento Quince

Punto de vista de Nadia

La mañana llegó con una tensión que podía saborear en el aire, metálica y afilada, como si la ciudad misma estuviera conteniendo el aliento, esperando a que diera un paso en falso. Me desperté temprano, antes del sol, con los bordes del sueño aún aferrándose a mí como un velo frágil. Adrian no estaba, o al menos su lado de la cama estaba frío. No me molesté en revisar sus mensajes: había estado inquieto toda la noche, y sabía instintivamente que ya estaba moviendo piezas
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