Punto de vista de Nadia
Las consecuencias no se anunciaron como la gente espera que llegue el problema.
No vinieron con sirenas, ni titulares, ni un golpe repentino en la puerta. Llegaron disfrazadas de normalidad: correos electrónicos escritos con demasiada cautela, invitaciones que nunca llegaron, llamadas que sonaban una vez y se silenciaban. El mundo no me dio la espalda. Simplemente ajustó su postura, lo justo para recordarme que nada era estable ya.
Lo noté primero en los lugares más pequeños.
La florista con la que había trabajado durante años me envió un mensaje educado declinando futuros encargos. Sin explicación. Solo gratitud por el pasado y “los mejores deseos de ahora en adelante”. La curadora de la galería que una vez me suplicó que asistiera a las inauguraciones respondió a mi confirmación con un retraso y una aceptación tibia. Hasta la barista de abajo dudó cuando me vio, su sonrisa insegura, como si esperara permiso de una multitud invisible.
Para media mañana, lo ent