Punto de vista de Nadia
La noche tenía una intensidad callada, del tipo que presiona contra tus pulmones y hace que cada latido se sienta como si perteneciera a alguien más. Observaba los monitores, cada transmisión meticulosamente dispuesta, cada punto de datos cruzado. La traición que había descubierto ayer aún persistía como humo en mi mente, pero no me detuve en ella. Había trabajo que hacer, y el trabajo requería acción, precisión y previsión.
Adrian y Damien estaban conmigo, como siempre.