Punto de vista de Nadia
La noche tenía una intensidad callada, del tipo que presiona contra tus pulmones y hace que cada latido se sienta como si perteneciera a alguien más. Observaba los monitores, cada transmisión meticulosamente dispuesta, cada punto de datos cruzado. La traición que había descubierto ayer aún persistía como humo en mi mente, pero no me detuve en ella. Había trabajo que hacer, y el trabajo requería acción, precisión y previsión.
Adrian y Damien estaban conmigo, como siempre. Su presencia era estable, silenciosa, tranquilizadora de una forma que me recordaba que no me movía sola. Sin embargo, también sabía que la fuerza que estaba construyendo no era de ellos —era mía. Cada decisión, cada maniobra, cada golpe cuidadosamente calculado había sido planeado y ejecutado porque había aprendido a ver más lejos, más rápido y más claro que nadie.
“¿Estás segura de esto?”, preguntó Damien, voz baja y cautelosa. “Una vez que des el paso, no hay vuelta atrás.”
No lo miré. Mis d