Punto de vista de Nadia
La ciudad nunca duerme —pero esta noche parecía contener la respiración.
Entré en la habitación tenuemente iluminada, el leve zumbido de las pantallas de vigilancia y los monitores de red resonando de fondo. Adrian y Damien ya estaban allí, de pie con esa mezcla familiar de paciencia y cálculo que había aprendido a leer como un idioma. No los saludé. No sonreí. No tenía intención de suavizar los bordes esa noche.
En cambio, me incliné sobre la larga mesa pulida, dejando