Punto de vista de Nadia
La ciudad nunca duerme —pero esta noche parecía contener la respiración.
Entré en la habitación tenuemente iluminada, el leve zumbido de las pantallas de vigilancia y los monitores de red resonando de fondo. Adrian y Damien ya estaban allí, de pie con esa mezcla familiar de paciencia y cálculo que había aprendido a leer como un idioma. No los saludé. No sonreí. No tenía intención de suavizar los bordes esa noche.
En cambio, me incliné sobre la larga mesa pulida, dejando que mis manos flotaran sobre las carpetas, los dossiers, los mapas digitales que había compilado con tanto cuidado. Cada uno representaba un hilo —un aliado, un rival, una posible responsabilidad. Algunos habían sido leales. Otros eran sombras, su lealtad incierta, sus motivos ocultos detrás de sonrisas practicadas y deferencia cortés.
“Comienza esta noche”, dije. Mi voz era firme, deliberada. “Cada hilo que tire probará quién está conmigo… y quién no.”
Los ojos de Adrian parpadearon brevemente.