La ciudad entera hervía con la noticia. En cada esquina, en los periódicos, en los televisores de los restaurantes y hasta en los murmullos de la gente, se repetía el mismo titular: Kitty Smith, la mujer más astuta del reclusorio, había escapado.
Los detalles eran confusos. Algunos medios aseguraban que se había fugado del centro penitenciario como una sombra en medio de la noche, otros afirmaban que un guardia la había ayudado a cambio de una fortuna. Pero la verdad era aún más inquietante: Ki