El rugido del motor era lo único que rompía el silencio dentro del auto. Demian observaba a su hijo desde el asiento trasero, intentando disimular la tensión que lo carcomía por dentro. Liam, inocente, miraba por la ventana sin percatarse del peso que caía sobre los hombros de su padre. El chofer mantenía la vista fija en la carretera, mientras dos vehículos de escoltas avanzaban discretamente detrás de ellos.
Demian había tomado todas las precauciones posibles. No iba a permitir que nada ni na