La tienda estaba llena de aromas dulces, música suave de fondo y vitrinas repletas de vestidos que valían más que el salario mensual de muchos. Kitty se paseaba entre los percheros con el porte de una reina. Su manicura perfecta rozaba las telas de seda mientras un vendedor le mostraba las últimas colecciones. Quería lucir impecable, deslumbrante. Hoy invitaría a Demian a almorzar y debía lucir como la mujer perfecta que merecía tener a su lado.
Escogió un vestido ajustado color burdeos con un