Mariam salió del baño minutos después, con el cabello aún húmedo y el aroma a jabón impregnando su piel. Se vistió con ropa cómoda, tratando de ocultar el cansancio en su rostro. Tomó aire profundamente, intentó calmar su mente agitada y bajó las escaleras lentamente, como si cada peldaño le pesara mil kilos.
A mitad de las escaleras, la voz grave de Demian la detuvo de golpe.
—¿Por qué no me habías dicho que Israel en realidad era tu ex?
Mariam se quedó inmóvil, helada. Sus dedos se apretaron