Era de mañana, y la brisa suave se colaba por la ventana abierta, moviendo las cortinas blancas con lentitud. El sol apenas comenzaba a iluminar el cielo, tiñéndolo con tonos cálidos de naranja y rosa. La tranquilidad contrastaba con el caos de la noche anterior.
Demian ingresó a la habitación del hospital con una taza de café caliente en la mano. Mariam estaba sentada en un pequeño sofá junto a la pared, con los ojos cansados y el alma todavía sacudida por lo vivido. Él se la ofreció con una s