Mariam había rendido su declaración esa mañana. Demian la había acompañado como siempre, firme a su lado. Las pruebas eran contundentes, había suficiente evidencia para hundir a Kitty y a Gloria. Esta vez, la justicia estaba de su parte. Al salir del juzgado, el ambiente era distinto. La tarde tenía una calma especial. El cielo era claro, el sol cálido, y la brisa parecía acariciar los rostros con dulzura.
Liam, su pequeño, iba sentado sobre los hombros de su padre, comiendo gomitas con una son