El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos naranjas y rosados. La brisa marina acariciaba los rostros, y el sonido de las olas marcaba el ritmo de aquella tarde de respiro. Mariam estaba sentada sobre una manta extendida sobre la arena, descalza, con la vista perdida en el mar. Disfrutando de un poco de tranquilidad. A su lado, Azucena sostenía una botella de agua fría entre las manos, mirando de reojo a su amiga.
A unos metros de distancia, Sofía corría tras el peq