La noticia se esparció como pólvora entre los medios y las redes: alguien había intentado asesinar a Mariam Smith a plena luz del día. Nadie sabía quién era el atacante, pero el hecho causó conmoción. En especial a un hombre que, pese a sus errores, aún la llevaba clavada en el alma.
Demian Thompson estaba en su oficina privada dentro de la mansión familiar, sentado en el enorme sofá de cuero frente a la chimenea, con el rostro sombrío y el celular pegado al oído.
—Quiero que investigues a fond