—El abuelo y Vincent querían que estuviera allí, pero es que…
—Adelante.
—No creo que deba —hace una mueca.
—Vamos, Sophie. Después de todo, seguimos siendo hermanas.
Duda unos segundos, pero al final asiente. No se la ve nada contenta.
—Gerard… es mi problema.
—Lo entiendo —digo, con un nudo en la garganta—. Supongo que él está feliz con su nueva familia.
—Oye, Juliette.
—Si me disculpan, voy a subir a mi habitación a cambiarme, enseguida bajo —les digo a todos, con el corazón pesado.
Es evide