—Yo... —intenta decir, visiblemente nerviosa.
—Habla.
—Es solo que... bailamos, bebimos juntos, ¡pero no pasó nada! —responde molesta, aunque ni ella misma se lo cree.
—¡Ah, claro! Porque me ofendería si me mintieras, tu mejor amiga —la reprocho, usando sus propias palabras en su contra.
—¡Ah, maldita sea! ¡Te lo voy a contar todo! —exclama, pasándose las manos por el cabello.
—¿Y entonces?
—Él y yo... —intenta formular, pero no termina la frase.
—Continúa.
—Él y yo... lo hicimos, dormimos junt