Vincent
Mauro, con sus habilidades, logró abrir la puerta. Al parecer, esta casa no tenía mucha seguridad. Entramos lentamente a la habitación y vi a mi primo.
—¡Gérard! Qué alegría, ¿cómo te sientes?
—Vincent, nunca había estado tan feliz de verte. Me siento fatal; casi no he comido ni bebido agua. Estoy un poco débil.
—Señor Durand, voy a desatarlo. Lo mejor sería que usted y el señor Vincent salgan de inmediato de esta casa. Mis colegas y yo nos encargaremos de estos criminales.
—No creo que