Juliette
Pasaron los días y Gérard se recuperaba favorablemente, pero aún no había rastro de Alice. Varios agentes especiales la buscaban, pero parecía haberse desvanecido sin dejar huella.
—Tengo a la mejor enfermera del mundo —sonrió, dando un bocado.
—Despacio, necesitas alimentarte bien. Abre la boca —le pedí con calidez.
—Mi querida Julie, con tus cuidados, sin duda me recuperaré muy rápido. Me siento muy afortunado —dijo con una sonrisa.
—Sigues débil, necesitas descansar. Sentí que me mo