Me quedé mirando la foto de la señora Durand; era extremadamente hermosa y, efectivamente, Gérard era su viva imagen, sobre todo por esos mismos ojos verdes.
—Tienes razón, te pareces mucho a ella —le dije con una sonrisa.
—Mira, aquí hay una foto de ellos cuando eran jóvenes. Mi papá me contó que llevaban dos meses casados; se les veía muy felices.
Miré la foto de sus padres; vaya, los dos eran muy guapos.
Ahora entendía por qué Gérard era tan guapo, pero su padre me llamó la atención. Era una