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—Pequeña, despierta, tenemos que irnos, ya es tarde —escuché como un susurro tenue, y luego sentí un beso en mis labios.

Abrí los ojos; era casi la tarde y sentí el cuerpo de Gérard abrazándome. Me di cuenta de que estábamos desnudos, así que tomé una de las sábanas y cubrí mi cuerpo.

Me sentí un poco avergonzada de que me hubiera visto desnuda.

—Creo que es hora de dejar la vergüenza de lado, Julie, me gusta verte sin nada —me dijo con un guiño travieso.

—Es solo por ahora, aunque ya estoy aco
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