Intenté dormir, pero fue imposible.
No entendía la actitud de mi hermana. Necesitaba preguntarle a Gérard si había investigado algo.
Sus palabras y su comportamiento me dolían, y si mi falso prometido podía darme un poco de tranquilidad, le estaría eternamente agradecida.
Al día siguiente, tomé el teléfono y marqué su número.
—Julie, me alegra que me llames. Ayer tuvimos una velada increíble; el abuelo estaba muy feliz —escuchar su voz ya me hacía sonreír.
—Me alegra que lo digas. Por cierto, q