Gérard
—No cabe duda de que es Juliette de niña; su mirada es inconfundible, y la pequeña a su lado guarda un gran parecido —dije pensativo, analizando a las dos niñas—. ¿Qué más le contó esta señora?
—Me dijo que, dos semanas después, como de costumbre, estaba esperando que trajeran a Juliette para cuidarla, pero nunca llegó. Se preocupó y por la tarde decidió ir a su casa. Cuando abrió la puerta, vio a Juliette jugando con una niña de unos seis años. La señora Moreau no la dejó entrar y le di