—Muñeca, ¿estás despierta? —pregunto, golpeando su puerta, pero después de varios segundos no recibo respuesta—. ¿Juliette?
Empiezo a golpear la madera con más fuerza; aun así, no obtengo ninguna respuesta, lo que provoca que los peores pensamientos crucen por mi mente, no, por favor.
—Julie, lo siento, pero voy a entrar —digo, girando el picaporte y revelando la soledad de su habitación.
Entro sigilosamente y miro a mi alrededor, tratando de buscar señales de Juliette. ¿Habría salido? No, es i