—Por eso me siento tan aterrorizado ahora, no sé qué tan bueno sería para mi hijo estar conmigo.
—¿Sabes?, cuando mi esposa salió embarazada de nuestro primer bebé, me sentí igual que tú. Estaba muerto de miedo, no me sentía capaz de ser un buen padre. Pero cuando nació mi hijo y lo tuve en brazos por primera vez, pensé en una sola cosa: haría lo mejor posible por ser el mejor ejemplo para él, y me aseguraría de que no le faltara nada. Confío en que usted puede hacer lo mismo, señor.
—No tanto